Homilía, completa, en el 126 aniversario de la Coronación Pontoficia de Nuestra Señora de Itati:
“Nos congregamos una vez más a los pies de Nuestra Señora de Itatí para celebrar los 126 años de su Coronación Pontificia. Llegamos desde distintos lugares, trayendo en el corazón alegrías y esperanzas, pero también preocupaciones, cansancios y sufrimientos. Venimos como pueblo peregrino para encontrarnos con la Madre que nos acompaña en el camino de la vida y nos conduce siempre hacia su Hijo Jesucristo. El lema que ha iluminado esta novena expresa con profundidad el sentido de nuestra celebración: “Junto a María de Itatí, somos testigos de esperanza y alegría”. No se trata de una consigna pasajera ni de un simple deseo. Es una vocación que nace del Evangelio y que hoy la Palabra de Dios vuelve a proponernos” expresa en su primera parte.
Y continuó: “El profeta Zacarías anuncia una Jerusalén abierta, llena de vida y protegida por la presencia de Dios. Es una ciudad que no vive encerrada en sus miedos, sino sostenida por la promesa del Señor que habita en medio de su pueblo. También nosotros vivimos tiempos complejos. Muchas familias experimentan incertidumbre económica; numerosos jóvenes sienten preocupación por el futuro; no faltan quienes padecen la soledad, la enfermedad o la falta de trabajo. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que el Señor no abandona a su pueblo. Él sigue caminando con nosotros y continúa sembrando esperanza allí donde parece imponerse el desaliento.
El Magníficat que hemos proclamado es el canto de una mujer creyente que descubre la acción de Dios en la historia. María no niega las dificultades de su tiempo, pero tampoco se deja vencer por ellas. Su mirada está puesta en la fidelidad de Dios. Por eso canta, alaba y se alegra. La verdadera esperanza cristiana no nace de un optimismo ingenuo, sino de la certeza de que Dios sigue actuando en medio de nuestras fragilidades.
“NO PERMITAMOS QUE LA DESESPERANZA GANE ESPACIO EN NUESTROS CORAZONES” DIJO MONSEÑOR LARREGAIN
