Quiero ratificar lo expresado el domingo pasado en las páginas de época: los actores de la Justicia correntina dejan en evidencia que viven en una idílica realidad paralela, que no tienen empatía por las víctimas y que les importa lo más mínimo (por no decir, un caraj…) lo que ocurre en la sociedad en la que habitan.
En la edición de época del pasado domingo 9 de agosto, quien firma la presente nota le solicitó a la Justicia correntina que emita un mensaje claro: que las tres jóvenes que le dieron una descomunal paliza a Leila Fernández y le provocaron terribles lesiones sean imputadas de Homicidio en grado de tentativa. Y que resuelvan su prisión preventiva, que pasen sus días en un lugar en el que no puedan agredir a nadie más. Pero, además, si la víctima solo puede salir de su casa para ir al hospital (por la gravedad de las heridas), sería justo que sus agresoras no tengan la posibilidad de disfrutar la vida (seguir yendo a los boliches, tomar una cerveza en un bar, mirar el atardecer en la costanera) como si nada malo hubieran hecho.
Y la Justicia emitió su mensaje: le imputó lesiones leves y como medida de coerción que las salvajes atacantes no puedan acercarse a la casa de Leila ni tengan contacto a través de redes sociales o cualquier dispositivo electrónico. No llega ni a calidad de coscorrón.
Pero, curiosamente, Sonia Meza, la fiscal que entendió y dictaminó que solo se trató de lesiones leves le pidió a la jueza María Josefina González Cabañas que dicte la prisión preventiva para las agresoras. Quien firma el presente texto preguntó a numerosos actores judiciales si alguna vez la Justicia ordenó la detención de personas imputadas por lesiones. Las respuestas fueron coincidente: nadie recordaba que ello ocurriera. Y la magistrada, por obvias razones, rechazó la pretensión de la fiscal.
El pasado 11 de julio, Leila, como tantas jóvenes, fue a un boliche a divertirse. Eligió Tampa, en la Costanera Sur. Al salir del local bailable, ya en la madrugada del domingo 12, fue emboscada por Fátima Machuca, Evelin Machuca y Camila González, quienes le dieron una brutal paliza. Fue un salvaje ataque que fue registrado en decenas de videos de los incrédulos testigos de la barbarie.
Leila, en total estado de shock y sin sus anteojos (que los rompieron en la agresión), intentó regresar a su casa en su moto y se estrelló contra un vehículo estacionado. Terminó internada en la terapia intensiva del Hospital Escuela. Sufrió fracturas de cráneo, maxilar, costillas, clavícula y lesiones pulmonares. Tuvo que ser repetidas veces intervenida quirúrgicamente. Perdió los dientes y su rostro quedó deforme por los golpes.
En un momento del ataque, Leila estaba indefensa en el suelo y una de sus agresoras le propinó una brutal patada a la cabeza (calzaba borceguíes). ¿Cuál es la diferencia con el similar golpe que acabó con la vida de Fernando Báez Sosa en 2020 a la salida de un boliche en Villa Gesell? Lo único diferente es que el muchacho murió y la joven correntina de milagro puede contarla.
