En la convocatoria oficial de la Selección argentina rumbo al Mundial 2026, tres delanteros de peso obtuvieron su lugar: Julián Álvarez, Lautaro Martínez y un humilde José Manuel López, que llegó gracias a sus destacadas actuaciones en el Palmeiras de Brasil. Sin embargo, el camino del Flaco no fue todo color de rosa. Por el contrario, el goleador tuvo una historia de película.
El correntino, nacido en la ciudad de San Lorenzo el 6 de diciembre de 2000, se inició en las infantiles de El Progreso, un club de barrio; y luego pasó al Club Atlético Saladas, donde disfrutaba de jugar a la pelota con sus amigos. Aun así, su talento innato empezó a llamar la atención y fue Boca el que tocó su puerta: a sus cortos 8 años, momento en el que curiosamente jugaba de defensor, llevó a cabo su primera prueba.
El Xeneize lo dejó en una espera infinita e Independiente se metió en el camino para quedarse con la joya, que se sumó a las inferiores del Rojo de Avellaneda. Cuando todo parecía indicar que haría su debut oficial en la Primera División, con 17 años, una lesión en la espalda hizo que el club decidiera dejarlo libre al finalizar la temporada, todavía con edad de Sexta División.
La oportunidad volvió a aparecer de manera inesperada; un amigo de un extécnico en Corrientes lo convocó para formar parte de Lanús.
