El reconocido músico, hijo del legendario Roberto Galarza, murió este miércoles a los 62 años en la capital correntina. Su partida enluta al pueblo del Litoral y al mundo del chamamé.
El chamamé perdió este miércoles a una de sus figuras más queridas y respetadas: Matías Galarza, cantor, guitarrista y compositor, falleció a los 62 años en la ciudad de Corrientes, donde vivió gran parte de su vida y desarrolló una carrera artística profundamente ligada a la identidad cultural del Litoral.
Nacido el 1 de mayo de 1963 en Almirante Brown, provincia de Buenos Aires, Matías fue hijo del recordado “Zorzal de Corrientes”, Roberto Galarza, con quien compartió escenario desde sus inicios. Su primera experiencia profesional fue en 1979, como guitarrista del conjunto de su padre, y a partir de allí no se detuvo: en 1981 se radicó en Corrientes, donde ingresó a la Orquesta Folklórica Municipal y forjó una trayectoria que lo consolidó como una de las voces más representativas del género.
Durante más de cuatro décadas, Galarza dejó su huella en el chamamé acompañando a grandes referentes como Isaco Abitbol, Las Hermanas Vera, Rudi y Nini Flores, y Juan Montiel, entre otros. En 1989, su talento como compositor fue reconocido al obtener el primer premio en el certamen “Canción Nueva Correntina” con su obra “Peona de Campo”.
A lo largo de su carrera, también integró las “Guitarras Chamameseras” de Mateo Villalba y dirigió los grupos vocales “Querencia” y “Fibra Litoral”, aportando una mirada coral y renovadora al folclore regional.
En 1996, Matías Galarza emprendió su camino como solista, con presentaciones en los principales escenarios del país y giras por el exterior que lo llevaron a Uruguay, Paraguay, Brasil, Chile, Cuba y España. Su primer disco solista, Amor por fin regresas, editado en 2009, fue una muestra de su sensibilidad artística y compromiso con las raíces del chamamé.
Además de su labor como intérprete, fue un prolífico autor. Obras como Padrino del sufrimiento, Vuelvo a cantarte chamamé, Litoralmente y Recuerdos de mi ayer son parte de su legado compositivo, que seguirá sonando en festivales, peñas y encuentros de música del Litoral.
En sus últimos años, Matías también se dedicó a la difusión cultural, especialmente a través del ciclo Litoralmente, que compartía con su hermana Liliana Galarza, reafirmando su vocación por acercar la música y la identidad regional a las nuevas generaciones.
Desde el Instituto de Cultura de Corrientes expresaron su pesar por la pérdida de quien definieron como “una voz imprescindible del chamamé”, y destacaron que su legado “permanecerá vivo en cada sapucay, en cada acorde y en la memoria del pueblo correntino”.
La partida de Matías Galarza deja un vacío inmenso en la cultura popular del Litoral, pero también una herencia imborrable que seguirá emocionando a quienes vibran con el chamamé.
