INFLACIÓN: EL DATO, LA TENDENCIA Y LA DISCUSIÓN PENDIENTE SOBRE CÓMO SE MIDE

El dato difundido se sigue calculando con la metodología basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2004/2005, una estructura de consumo que ya quedó desactualizada.

El último dato de inflación volvió a confirmar el proceso de estanflación que estamos atravesando, es decir, estancamiento acompañado de un proceso inflacionario que se acelera.

Según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos, los precios aumentaron 2,9% en febrero, marcando seis meses consecutivos por encima del 2%, lo que deja un acumulado de 5,9% en los primeros dos meses del año y una inflación interanual cercana al 33%. 

Detrás del número mensual hay al menos dos discusiones relevantes. La primera tiene que ver con la composición de la inflación actual. Los mayores aumentos se concentran en servicios, vivienda y alimentos, especialmente carnes, mientras que la inflación núcleo —que es aquella que excluye precios regulados y estacionales— se ubicó por encima del índice general. 

Esto sugiere que persisten presiones inflacionarias estructurales en la economía. La segunda discusión, más técnica pero no menos importante, es cómo se mide la inflación.

La metodología que todavía no cambió

El dato difundido por el organismo estadístico se sigue calculando con la metodología vigente basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2004/2005, una estructura de consumo que ya quedó bastante desactualizada respecto de los hábitos actuales de los hogares. 

En esa canasta, por ejemplo, los alimentos tienen un peso mayor al que tienen hoy en el gasto real de las familias, mientras que varios servicios —como alquileres, salud privada o servicios digitales— tienen menor participación. 

El nuevo esquema que el organismo tenía preparado se basa en la encuesta 2017-2018, que actualiza esos ponderadores y refleja un mayor peso de los servicios en la estructura de precios. 

El problema es que la implementación del nuevo índice se postergó, por lo que el IPC continúa midiendo la inflación con una estructura de consumo que refleja hábitos de hace dos décadas. 

En términos cuantitativos, distintos estudios privados sugieren que la diferencia entre ambas metodologías no sería enorme en un mes puntual, pero sí podría generar desvíos acumulados más significativos en el tiempo. Incluso algunas estimaciones indican que la inflación anual podría resultar levemente más alta con la nueva canasta. 

El desafío de la credibilidad estadística

En cualquier economía, pero especialmente en una con historia inflacionaria como la argentina, la calidad de las estadísticas públicas es un activo central. No sólo porque permite evaluar con mayor precisión el desempeño del programa económico, sino también porque funciona como referencia para contratos, negociaciones salariales y decisiones empresariales.

Por eso, la discusión sobre el dato de inflación no debería limitarse a si el índice es unas décimas más alto o más bajo. La cuestión de fondo es que la medición debe actualizarse periódicamente para reflejar cómo consumen realmente los hogares.