Según explicó Alberto Dansey, la rusticidad, el 80 % de destete y la longevidad del animal convierten esta actividad en una alternativa estratégica para la región.
En los campos de pajonales, esteros y pasturas duras donde el vacuno apenas subsiste, el búfalo encuentra su ambiente ideal. Rústico, eficiente y con altos índices reproductivos, el rodeo bubalino crece en la provincia entre un 10% y un 15% anual, impulsado por productores que descubren en esta especie una herramienta para hacer rentable la superficie menos productiva.
“Para el búfalo es su ambiente ideal, se desarrolla, engorda y hace campo”, explicó a NORTE TV Alberto Dansey, dirigente de la Sociedad Rural Argentina y productor bubalino. Según detalló, el animal controla pajonales duros como la paja cortadera, manteniéndolos a baja altura y mejorando el aprovechamiento forrajero.
Las ventajas productivas son contundentes. Mientras en el promedio provincial vacuno el destete ronda el 50-52% con terneros de 150 a 160 kilos, en el búfalo se alcanza un 80% de terneros logrados, con destetes de 260 a 270 kilos. “Hoy estamos comercializando bubillos de 24 a 28 meses con 470 a 500 kilos vivos”, precisó Dansey.
Además, la longevidad de la búfala, que puede producir entre 20 y 24 años, reduce la necesidad de reposición. “Un productor con cien vacas va a vender alrededor de cuarenta terneros. Con cien búfalas puede vender los ochenta”, comparó.
Manejo y mitos
El crecimiento del sector aún enfrenta barreras culturales. “El desconocimiento es fundamental. Quedó el mito de que el búfalo es malo o rompe los alambres, pero todo es manejo. Es un animal muy inteligente”, sostuvo el dirigente. Un simple hilo eléctrico paralelo al alambrado tradicional suele ser suficiente para evitar roturas.
En materia sanitaria, si bien requiere del mismo plan que el vacuno, el búfalo demuestra mayor rusticidad. Regula su temperatura y carga parasitaria externa mediante el barro y el agua, lo que incluso reduce la presencia de garrapatas en los campos.
Precio y reclamo político
La falta de tipificación impacta también en el valor. “Nos pagan el novillo búfalo al precio de vaca gorda, muy por debajo del novillo vacuno”, señaló. Un ternero bubalino ronda hoy los $3200 a $3300 por kilo, frente a más de $4000 del vacuno.
Mientras tanto, la carne se comercializa mayoritariamente mezclada en el circuito tradicional. Son contadas las carnicerías que la ofrecen explícitamente como búfalo, aunque en Corrientes existen experiencias de productores que avanzan en faena propia y envasado al vacío para su promoción.
Dansey apuntó a la necesidad de decisiones políticas y coordinación con organismos como el Senasa para avanzar en la identificación formal. “Hay que seguir machacando el clavo. Es una cuestión de decisión política”, afirmó. La mayor traba está en la comercialización. “El búfalo nace búfalo, se cría búfalo, muere búfalo y se vende como vacuno”, resumió.
“Nosotros lo que necesitamos es identificación y tipificación. Que el consumidor sepa qué está comiendo y pueda elegir”, remarcó. Actualmente, la carne solo lleva un sello que indica “búfalo”, pero no existe una clasificación equivalente a la del vacuno (ternero, novillo, vaca) lo que impide diferenciar calidades.
“Yo creo que será la ganadería del futuro, sobre todo para los pequeños productores. Es una salida muy importante por la rentabilidad que puede dar”, concluyó.
